Prologo
Todo en ese día era normal. Aun recuerdo que lo único que pensaba es "no quiero regresar a casa". En esos tiempos todavía se usaba esa palabra. Todavia teniamos "hogares" a donde regresar...
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El
crepúsculo llegaba al valle de México. La ciudad se convertía en un lienzo y
sol la pintaba de escarlata. Las personas que andaban en las calles ya sentían
el ambiente lúgubre y depresivo ahora suspiraban por el dramático paisaje.
Abel con la excusa de ir súper, pudo salir de casa. Tenía un visitante bastante
molesto y aunque sabía que la chica no tenía la culpa de lo que había pasado,
él tampoco quiera verla.
En el camino mucha gente tenía cubre bocas y guantes, pero aunque era curioso
todo era perfectamente normal. Las noticias de una nueva enfermedad eran pocas
y le mismo gobierno informo que todo estaba bajo control pero aun así la gente
estaba preocupada Un amigo le contó que
era el hecho de que ni el gobierno ni la OMS diera información es lo que era
preocupante. Para Abel, eran tonterías.
Las bolsas que llevaba en las manos no tenían mucho, compro todo lo que se le ocurrió
pero aun así apenas había algo. Estaba a una media hora de su casa todavía, a
pesar de hacer el camino a pie para tardar lo más posible el sentía que no había
sido demasiado rápido todavía, no lograba calmar sus pensamientos así que decidió
hacer una pausa en lo alto del puente.
El puente peatonal era bastante alto y
desde aquí podía ver los edificios de departamentos a la distancia en los que
vivía. Abajo, los autos estaban atorados en una suerte de tamaños, colores y
sonidos de bocinas y personas que batallaban por avanzar.
Al atardecer mucha gente trataba de regresar del trabajo a sus casas provocando
un embotellamiento característico de las
grandes urbes. Abel veía las filas de coches sonando sus claxon, peleando por
avanzar unos metros, todos querían regresar a su hogar mientras el trataba de
encontrar una razón para hacerlo.
En ese momento el alumbrado público se encendió preparándose para la llegada de
la noche. Hacia arriba o hacia abajo una hilera de luces azules blancas
peleaban por su atención, pero el cielo rojo era todavía más vistoso. Todo
parecía normal, el había visto esta escena muchas veces en los años que tenía
viviendo en la ciudad.
El todavía no lo sabía, pero esta sería la última vista que tendría de la
ciudad, del mundo civilizado antes de que todo se fuera a la mierda.
En este momento el reflexionaba otra acerca de su situación particular. Se
había iso de casa cuando su padre trajo de la nada una nueva familia hace
algunos años. Todo fue muy natural, el se sentía fuera de lugar y la nueva
esposa de padre y sus hermanos se sentían incómodos. Un día le dijo a su padre
que quería ir a estudiar a la capital y su padre acepto al momento. A Abel le pareció
demasiado sencillo todo. Todo fue bien, el proceso de inscripción en una
escuela de la ciudad, la búsqueda de un departamento y hasta el asunto de los
gastos, casi sentía natural el irse de su casa y empezar por su cuenta.
Pero el era después de todo un simple
adolescente, el proceso le causó cierta aprensión. La vista de su padre
arreglando todo para él se valla lo sintió bastante frió de su parte. Casi
pareciera que era su padre el que lo empujaba afuera rompiendo de manera sutil su unión de
padre-hijo. Para poder seguir con su vida lo primero que tuvo que hacer fue
poner a su “familia” en un rincón de su mente, luego para evitar que su
determinación se viniera abajo evito cualquier cosa relacionado con ellos y así
después de unos años, pudo vivir plenamente. Quien iba a pensar que “esas”
personas lo comenzarían a asediar en los últimos tiempos.
Cuanto todavía divagaba una sensación de urgencia de repente lleno a Abel, frió
y súbito como un cubetazo de agua helada. Algo que lo hizo reaccionar. El
volteo hacia la derecha e izquierda pero no vio ni escucho nada raro.
-Que mierda fue eso…- Tal vez fue un flash back de los ácidos que se metió hace
unas semanas, pensó.
Pero mientras se decía así mismo que tenía que dejar de meterse mierdas algo lo
obligo a levantar la cabeza al cielo.
En ese momento no solo el, muchas personas alrededor del mundo con cara de desconcierto
voltearon su mirada hacia el cielo. Ya sea a mitad de la noche como en
Europa y África o en el amanecer de los
países Asiáticos, en ese momento estas personas sentían en sus almas la
urgencia de levantar la mirada mientras un sentimiento de terror y
desesperación les gritaba que algo no estaba bien, que algo malo iba a pasar.
Abel nunca sintió que el cielo estuviera tan lejos de él y tampoco se había
sentido tan pequeño. Muchas nubes pequeñas estaban completamente rojas, como
gotas de sangre que rondaban por el cielo que estaba herido. De pronto un
sonido atravesó el mundo, parecía que venía de todos lados pero Abel sabía que
era de arriba de donde provenía. Empezó como un murmullo que le erizo los pelos
a Abel, y poco a poco fue subiendo su intensidad. Era un ruido metálico, que
sonaba grave y luego agudo ondulando entre ambos.
Mas alto cada vez, fue imposible para las personas no notarlo. Muchos sacaron
sus celulares e intentaron grabarlo alzándolos alto en el aire. En la avenida,
algunos conductores asomaron sus cabezas por la ventana y empezaron a voltear hacia todos lados, de
las ventanas de los edificios, se asomaban personas con expresiones curiosas y
emocionadas pues el evento era como de ficción o fantasía.
Después de un par de minutos algo empezó a sentirse mal. El “grito” del cielo
no parecía detenerse y seguía subiendo su intensidad. Paso de ser algo curioso
a molesto, pero para Abel ya no tenía importancia, el quería regresar a su
departamento y ver todo lo que pasaba desde la seguridad de su hogar. El tenía
la vaga sensación de que esto no era nada bueno. Sus piernas querían emprender
una carrera hacia algún lugar y su respiración se estaba agitando, estaba
entrando en pánico.
Pero cuando todos se volteaban a ver preguntándose qué estaba pasando el ruido
metálico llego a otro nivel.
-¡Ahh!- Abel se agarró el pecho y se arrodillo en el suelo. Un dolo desgarrador
le estaba perforando las entrañas. El pecho le ardía como si tuviera fuego
dentro, su visión se volvió borrosa y sus ojos no podían enfocar nada tampoco.
El “grito” desgarrador el cielo le taladraba la cabeza, sentía que estaba
perdiendo su mente.
Alrededor de el, todos se tapaban los oídos y aguantaban el martirio, aun así
algunas personas que también se encontraban en ese momento cruzando el puente se
acercaron a Abel con preocupación y le hablaron, pero sus voces fueron tragadas
por el infernal ruido.
-BOOOM…BOOOOM-
Un retumbar pronto empezó a sonar también, periódicamente acompaño al sonido de
mil trompetas en el cielo. Cuando el terror en las personas no podía aumentar más,
tuvieron que ver con incredulidad como algunas personas alrededor de ellos se derrumbaban
en el suelo y se comenzaban a retorcer de formas horrendamente antinaturales.
Algunos trataron de ayudarlos a pesar de todo, perlo la violencia del ataque no
les permitía acercarse. No era como un ataque epiléptico que provocaba
convulsiones y rigidez, no. Las personas en el suelo agitaban los brazos y
piernas como si tuvieran llamas encima y tratara de deshacerse de ellas. Sus
cabezas azotaban el suelo debes en cuando, y aunque no podían escuchar el
sonido del golpe, aun podían sentirlo levemente a través del suelo. Después de
varios segundos los brazos de algunas personas se agitan de manera antinatural
como si fueran de hule, obviamente estaban fracturados pero eso no impedía sus
furiosos movimientos.
Cuando todos los individuos estaban en shock sin poder hacer nada o ahogados en
llanto por la desesperación, de manera repentina, todo acabo.
Abel, levanto la cabeza. El dolor se había ido, aunque el entumecimiento y un
rastro del maldito dolor había todavía
en él, podía decir que ya había pasado lo peor.
Pero tristemente, él se equivocaba.
Prologo
Todo en ese día era normal. Aun recuerdo que lo único que pensaba es "no quiero regresar a casa". En esos tiempos todavía se usaba esa palabra. Todavia teniamos "hogares" a donde regresar...
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El
crepúsculo llegaba al valle de México. La ciudad se convertía en un lienzo y
sol la pintaba de escarlata. Las personas que andaban en las calles ya sentían
el ambiente lúgubre y depresivo ahora suspiraban por el dramático paisaje. Abel con la excusa de ir súper, pudo salir de casa. Tenía un visitante bastante molesto y aunque sabía que la chica no tenía la culpa de lo que había pasado, él tampoco quiera verla.
En el camino mucha gente tenía cubre bocas y guantes, pero aunque era curioso todo era perfectamente normal. Las noticias de una nueva enfermedad eran pocas y le mismo gobierno informo que todo estaba bajo control pero aun así la gente estaba preocupada Un amigo le contó que era el hecho de que ni el gobierno ni la OMS diera información es lo que era preocupante. Para Abel, eran tonterías.
Las bolsas que llevaba en las manos no tenían mucho, compro todo lo que se le ocurrió pero aun así apenas había algo. Estaba a una media hora de su casa todavía, a pesar de hacer el camino a pie para tardar lo más posible el sentía que no había sido demasiado rápido todavía, no lograba calmar sus pensamientos así que decidió hacer una pausa en lo alto del puente.
El puente peatonal era bastante alto y desde aquí podía ver los edificios de departamentos a la distancia en los que vivía. Abajo, los autos estaban atorados en una suerte de tamaños, colores y sonidos de bocinas y personas que batallaban por avanzar.
Al atardecer mucha gente trataba de regresar del trabajo a sus casas provocando un embotellamiento característico de las grandes urbes. Abel veía las filas de coches sonando sus claxon, peleando por avanzar unos metros, todos querían regresar a su hogar mientras el trataba de encontrar una razón para hacerlo.
En ese momento el alumbrado público se encendió preparándose para la llegada de la noche. Hacia arriba o hacia abajo una hilera de luces azules blancas peleaban por su atención, pero el cielo rojo era todavía más vistoso. Todo parecía normal, el había visto esta escena muchas veces en los años que tenía viviendo en la ciudad.
El todavía no lo sabía, pero esta sería la última vista que tendría de la ciudad, del mundo civilizado antes de que todo se fuera a la mierda.
En este momento el reflexionaba otra acerca de su situación particular. Se había iso de casa cuando su padre trajo de la nada una nueva familia hace algunos años. Todo fue muy natural, el se sentía fuera de lugar y la nueva esposa de padre y sus hermanos se sentían incómodos. Un día le dijo a su padre que quería ir a estudiar a la capital y su padre acepto al momento. A Abel le pareció demasiado sencillo todo. Todo fue bien, el proceso de inscripción en una escuela de la ciudad, la búsqueda de un departamento y hasta el asunto de los gastos, casi sentía natural el irse de su casa y empezar por su cuenta.
Pero el era después de todo un simple adolescente, el proceso le causó cierta aprensión. La vista de su padre arreglando todo para él se valla lo sintió bastante frió de su parte. Casi pareciera que era su padre el que lo empujaba afuera rompiendo de manera sutil su unión de padre-hijo. Para poder seguir con su vida lo primero que tuvo que hacer fue poner a su “familia” en un rincón de su mente, luego para evitar que su determinación se viniera abajo evito cualquier cosa relacionado con ellos y así después de unos años, pudo vivir plenamente. Quien iba a pensar que “esas” personas lo comenzarían a asediar en los últimos tiempos.
Cuanto todavía divagaba una sensación de urgencia de repente lleno a Abel, frió y súbito como un cubetazo de agua helada. Algo que lo hizo reaccionar. El volteo hacia la derecha e izquierda pero no vio ni escucho nada raro.
-Que mierda fue eso…- Tal vez fue un flash back de los ácidos que se metió hace unas semanas, pensó.
Pero mientras se decía así mismo que tenía que dejar de meterse mierdas algo lo obligo a levantar la cabeza al cielo.
En ese momento no solo el, muchas personas alrededor del mundo con cara de desconcierto voltearon su mirada hacia el cielo. Ya sea a mitad de la noche como en Europa y África o en el amanecer de los países Asiáticos, en ese momento estas personas sentían en sus almas la urgencia de levantar la mirada mientras un sentimiento de terror y desesperación les gritaba que algo no estaba bien, que algo malo iba a pasar.
Abel nunca sintió que el cielo estuviera tan lejos de él y tampoco se había sentido tan pequeño. Muchas nubes pequeñas estaban completamente rojas, como gotas de sangre que rondaban por el cielo que estaba herido. De pronto un sonido atravesó el mundo, parecía que venía de todos lados pero Abel sabía que era de arriba de donde provenía. Empezó como un murmullo que le erizo los pelos a Abel, y poco a poco fue subiendo su intensidad. Era un ruido metálico, que sonaba grave y luego agudo ondulando entre ambos.
Mas alto cada vez, fue imposible para las personas no notarlo. Muchos sacaron sus celulares e intentaron grabarlo alzándolos alto en el aire. En la avenida, algunos conductores asomaron sus cabezas por la ventana y empezaron a voltear hacia todos lados, de las ventanas de los edificios, se asomaban personas con expresiones curiosas y emocionadas pues el evento era como de ficción o fantasía.
Después de un par de minutos algo empezó a sentirse mal. El “grito” del cielo no parecía detenerse y seguía subiendo su intensidad. Paso de ser algo curioso a molesto, pero para Abel ya no tenía importancia, el quería regresar a su departamento y ver todo lo que pasaba desde la seguridad de su hogar. El tenía la vaga sensación de que esto no era nada bueno. Sus piernas querían emprender una carrera hacia algún lugar y su respiración se estaba agitando, estaba entrando en pánico.
Pero cuando todos se volteaban a ver preguntándose qué estaba pasando el ruido metálico llego a otro nivel.
-¡Ahh!- Abel se agarró el pecho y se arrodillo en el suelo. Un dolo desgarrador le estaba perforando las entrañas. El pecho le ardía como si tuviera fuego dentro, su visión se volvió borrosa y sus ojos no podían enfocar nada tampoco. El “grito” desgarrador el cielo le taladraba la cabeza, sentía que estaba perdiendo su mente.
Alrededor de el, todos se tapaban los oídos y aguantaban el martirio, aun así algunas personas que también se encontraban en ese momento cruzando el puente se acercaron a Abel con preocupación y le hablaron, pero sus voces fueron tragadas por el infernal ruido.
-BOOOM…BOOOOM-
Un retumbar pronto empezó a sonar también, periódicamente acompaño al sonido de mil trompetas en el cielo. Cuando el terror en las personas no podía aumentar más, tuvieron que ver con incredulidad como algunas personas alrededor de ellos se derrumbaban en el suelo y se comenzaban a retorcer de formas horrendamente antinaturales.
Algunos trataron de ayudarlos a pesar de todo, perlo la violencia del ataque no les permitía acercarse. No era como un ataque epiléptico que provocaba convulsiones y rigidez, no. Las personas en el suelo agitaban los brazos y piernas como si tuvieran llamas encima y tratara de deshacerse de ellas. Sus cabezas azotaban el suelo debes en cuando, y aunque no podían escuchar el sonido del golpe, aun podían sentirlo levemente a través del suelo. Después de varios segundos los brazos de algunas personas se agitan de manera antinatural como si fueran de hule, obviamente estaban fracturados pero eso no impedía sus furiosos movimientos.
Cuando todos los individuos estaban en shock sin poder hacer nada o ahogados en llanto por la desesperación, de manera repentina, todo acabo.
Abel, levanto la cabeza. El dolor se había ido, aunque el entumecimiento y un rastro del maldito dolor había todavía en él, podía decir que ya había pasado lo peor.
Pero tristemente, él se equivocaba.
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